
En los últimos años, el delito de extorsión se ha consolidado como una de las conductas delictivas de mayor impacto social en México y en Sonora, tanto por su incidencia registrada como por su alta cifra negra y por los efectos económicos, emocionales y de percepción de inseguridad que genera en la población. A través de mecanismos como el secuestro virtual, la suplantación de autoridades, la simulación de deudas, premios o emergencias, y el uso intensivo de tecnologías de comunicación, los grupos delictivos buscan explotar el miedo, la desinformación y la urgencia para obtener beneficios económicos ilícitos.