
El consumo de sustancias como drogas, alcohol y tabaco representa uno de los fenómenos de mayor impacto en la salud y seguridad pública de nuestro país. Más allá de sus efectos individuales, el uso de sustancias psicoactivas incide en dinámicas familiares, productividad laboral, rendimiento escolar, violencia y conductas delictivas, configurándose como un factor de riesgo que requiere atención integral.
En los últimos años, los patrones de consumo han mostrado cambios en la edad de inicio, la prevalencia por sexo y grupos de edad, además de nuevas sustancias y mecanismos de acceso. Estas dinámicas obligan a analizar la información disponible para orientar decisiones basadas en evidencia y fortalecer las estrategias de prevención.